martes, 20 de marzo de 2012

"No dejéis de soñar"


¿Por qué elegí hacer este blog? El profesor Fernando Carbajo dijo que “si de verdad queríamos ser educadores en un futuro, teníamos que reflexionar sobre la educación que habíamos recibido”. Me di cuenta de cuan verdadera era esa frase. ¿Cómo pretendíamos estimular el pensamiento crítico y reflexivo de nuestros alumnos, si antes no lo aplicábamos a nosotros mismos? Siempre he sido de aquellas personas que, por una aparente falta de tiempo y, muchas veces, de voluntad, corría por la vida sin detenerse si quiera a pensar en el por qué y para qué de mis acciones, sin darles un verdadero sentido, sin ir más allá de las vanas superficialidades. Siempre he echado en falta lo que actualmente se denomina como competencia de aprender a aprender, es decir, aprender a pensar. Por eso este proyecto captó mi atención ya que lo vi como una excelente oportunidad para empezar a cambiar aquello que sabía que siempre me había fallado.

¿Sobre qué he reflexionado en este blog? En cuanto acepté el reto de escribir un blog, en seguida vinieron a mi mente multitud de ideas. Todas ellas con un objetivo común: criticar los aspectos negativos de mi educación. Y es que mi indignación, enfado y exacerbación era tal que una nube de ira me impedía vislumbrar algún aspecto positivo de mi colegio. Injustamente, él era el único culpable de todo lo que me había pasado.

¿Para qué me ha servido este blog? Para darme cuenta de los aprendizajes positivos que había guardado en el baúl de los recuerdos. Estaba tan cegada por el odio que no se me ocurría ninguna razón por la que mi educación había sido fructífera. Y esa fue una de las razones, que mi subconsciente se negaba a admitir, por las que decidí hacerme maestra: para no cometer los fallos que a mi parecer habían cometido conmigo.

Gracias a las reflexiones que no sé si habré sido capaz de expresar he podido enterrar ese pesimismo y he podido borrar la culpa. Las influencias extrínsecas, el ambiente, no determinan tu comportamiento ni elecciones, a lo sumo condicionan. Pero tú eres quien decide libremente seguir uno u otro camino, tú en tus propias fuerzas, nadie lo hace por ti.

Además, gracias a este blog he podido profundizar y darme cuenta de aspectos que hasta el momento habían pasado desapercibidos y que marcaron mi educación. Ahora sé qué es lo que quiero para mis alumnos y cómo no me tengo que comportar. Como he intentado manifestar en algunas entradas, lo que quiero es que cada alumno aprenda a pensar por sí mismo, que vaya más allá del libro de texto, que se interrogue, que se inquiete, que se motive, que sueñe, que lo disfrute y que lo aproveche. Porque “prosigue el poderoso drama, y tú puedes contribuir con un verso”. Quizás se me tache de idealista, pero solo espero que un futuro no muy lejano mi utopía se convierta en realidad y "crea en mis propios sueños, como hacen los niños".


lunes, 19 de marzo de 2012

9885600


“Imagina que cada mañana te encuentras 1440 euros”….”puedes repartirlos, gastarlos, divertirte con ellos o quemarlos; pero lo que no uses, al final del día desaparecerá”.

Así es como comienza el siguiente anuncio:

http://www.youtube.com/watch?v=bKdQTot4OjQ&feature=player_embedded


Sin embargo, en lugar de 1440 euros, el regalo que cada mañana aparece en nuestra puerta son 1440 minutos. Un regalo del que muchas veces no somos conscientes y que otras tantas no sabemos apreciar.

Tiempo... palabra que cada vez más produce terror y angustia. El tiempo es algo que no podemos controlar, que no está en nuestras manos, y por eso mismo, porque necesitamos sentirnos seguros y dueños y señores de nuestra vida, intentamos atraparlo y agarrarnos a él fuertemente para evitar que se nos escape. Y no nos damos cuenta de que lo único que conseguimos aferrándonos a él es que se nos escape aún más rápido, impidiéndonos vivir. 
 

“Así es como funciona la vida”. Con tus acciones libres, vas construyendo tu día a día, tu proyecto de vida. De ti depende cómo quieres afrontar el gran reto que cada mañana se te presenta frente a tu puerta: la vida. Puedes gastarla, divertirte con ella o quemarla. O también puedes hacerla rendir en servicio a los demás. Como dijo Robert Baden Powell, “la verdadera manera de obtener la felicidad, es haciendo felices a los demás”.

Tras volver a leer todas las entradas del blog escritas hasta ahora, y profundizar en la reflexión realizada, me doy cuenta de que ha merecido la pena vivir cada minuto de mi vida. Han sido 9885600 minutos llenos de amor y de cariño, de alegrías y de penas, de aventuras y de retos… Y aunque no todo haya sido un camino de rosas, no lamento ni un solo instante, ni un solo minuto. Porque cada uno de ellos y cada persona que ha aparecido en mi vida han contribuido a que me convierta en quien soy. Y todo ello tengo que agradecérselo a quien ha permitido que yo viva tantos minutos y a quien permite que yo siga teniendo cada mañana 1440 minutos. 



Cada mañana se nos regalan 1440 minutos. "Piensa bien qué vas a hacer con ellos".


sábado, 17 de marzo de 2012

La música (2)


Sin embargo, la música no solo ha estado presente en mi vida a través del conservatorio. En la familia de mi padre siempre han sido unos grandes músicos. Él y sus tres hermanos recorrieron media España en el 1500 de mi abuelo para cantar jotas con mi tío ciego al acordeón. Aunque yo no he heredado su pasión por las jotas, ni mucho menos, siempre les estaré agradecida por haberme introducido en el mundo de la música.

No hay reunión familiar en la que falte una guitarra y un buen repertorio para estar cantando durante horas y horas. En Navidades, comuniones, celebraciones, comidas… cualquier momento es idóneo. El compartir una afición tan grande nos hace estar más unidos si cabe. Por ejemplo,  le compusimos una canción a mi bisabuelo por su centenario entre todos los primos, cantamos una jota cuando se casaron mis tíos, hemos dado algún que otro concierto delante de la familia, o simplemente pasamos una tarde entera intercambiándonos instrumentos y tocando nuestras canciones preferidas… Son momentos que recuerdas con gran admiración y que permanecerán eternamente, que forman parte de tu andadura y de tu aprendizaje y que esperas poder compartir con tus nietos. Se trata de una tradición que confío no perder nunca.

Así, gracias al esfuerzo y la constancia de mis padres he podido conocer, ilusionarme y amar la música. La música compartida es aquello que llena la casa de vitalidad y alegría, que une y que permite estrechar lazos afectivos, que te hace feliz y hace feliz a los demás. La música para mí es aquella vía de escape a los problemas diarios, aquella ausencia temporal de la realidad, aquella necesidad que relaja la mente y calma el espíritu, que te hace sentir viva.

Y es que "quien ama la música ama la vida" (Alfonso X el Sabio)

La música (1)


Cuando escucho la palabra música, en mi mente se forma un torbellino de sensaciones: paz, relajación, disfrute, alegría, exaltación, evasión, gozo, tranquilidad, excitación, impaciencia, atención, escucha, tristeza, congoja, melancolía, locura, revolución…  un torbellino de momentos,  de recuerdos, de personas.

Ya desde pequeñita desarrollé el oído musical de mi padre y la pasión y el amor que en su familia le habían transmitido por la música. Me enseñó a tocar la guitarra y me apuntó al conservatorio Luis Morondo de Barañain. Allí fue donde aprendí a distinguir entre una clave de sol y una clave de fa; a leer una partitura; a saber el tono de una pieza; a entender la música; y lo más importante… a tocar Mi instrumento, el clarinete.

 
Durante ocho años he vivido innumerables experiencias con mi clarinete: cuando se me cayó al suelo nada más comprarlo porque lo abrí del revés; la ilusión de aprender a tocarlo; el nerviosismo de mi primer concierto; el pánico de mi primera improvisación; la emoción de las giras con la banda joven; la sensación al tocarlo y escuchar su sonido, etc.


Hasta que llegó un momento en el que el profesor empezó a exigirlo como si fuera lo único importante en mi vida, no como un mero hobby con el que disfrutaba enormemente, sin presiones ni agobios. Dejó de ser algo mágico y libre, algo que calmaba mi espíritu y apaciguaba mi alma, para convertirse en una obligación, en algo estresante, en un peso cada vez más tortuoso e imposible de llevar…y abandoné.

Aunque sé que no lo hubiese podido aguantar, me arrepiento profundamente… Pero me arrepiento de haberlo ocultado durante un tiempo bajo una densa capa de polvo; de que hicieran que me aburriese de él. Porque no aprecias lo que tienes hasta que lo pierdes. Y ahora me cuesta volver a tocar como antes, aunque no lo haya olvidado; me cuesta leer una partitura con tanta facilidad y rapidez. Ya no es lo mismo.

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado. Sigo sintiendo esa sensación de que cuando toco me olvido de quien soy, me evado de mi estresante e incierta realidad y viajo a otro mundo, el mundo de la música.


http://www.youtube.com/watch?v=O_JkhFuzEoo

"Cuestión de pulgadas"


El deporte siempre ha constituido una parte fundamental de mi vida. Ya desde pequeña me encantaba escalar (más de una vez me han tenido que bajar de algún árbol en el que me había quedado encalada), ir a la montaña con mi padre, echarle alguna que otra carrera, es decir, no parar quieta.  He llegado a practicar tanto deportes individuales (tenis, natación) como en equipo (baloncesto, balonmano...), sin llegar a identificarme con ninguno en concreto, siempre abierta a cualquier posibilidad de cambio e innovación.

Además he podido experimentar el deporte como hobby, con el único objetivo de disfrutar y pasar un buen rato con el deporte perfecto y la gente perfecta; y como competición, ampliando miras y practicándolo con el objetivo de mejorar y poder llegar con el equipo a lo más alto.

Sinceramente no sabría qué opción escoger. A pesar de que nunca he llevado muy bien la presión y de que me agobio fácilmente, jamás olvidaré la sensación de que cada partido es decisivo; la emoción que se siente cuando todo un público encendido te respalda y espera que lo des todo en el campo; el dejarte la voz y el alma en el banquillo al animar; la adrenalina y la actividad de cada entrenamiento y de cada partido; la euforia del triunfo…el hundimiento del fracaso; la percepción del equipo como un todo unido, que se desmorona si le falta una de sus partes.

Tampoco olvidaré las risas en los entrenamientos, las múltiples caídas y fallos, las cenas de equipo, la complicidad, las pastas después de algún entrenamiento,  las felicitaciones del entrenador, el sentirte importante, el destacar, el bienestar que te produce hacer deporte, los viajes en autobús, EL ESPÍRITU DE LUCHA Y DE SUPERACIÓN… y así una lista interminable de momentos y de recuerdos, que han hecho que quiera seguir avanzando, que no me rinda ante las dificultades, que luche por esas "pulgadas".

viernes, 9 de marzo de 2012

Living the adventure of life


En 3º de la ESO tuve la gran suerte de ir a Paderborn (Alemania) justo antes de Navidad. Nadie diría que me hallaba a 1.500 km de mi casa. Me encontraba en un ambiente acogedor, familiar, de preparación y de reunión, tan propio de estas fechas. Las calles estaban increíblemente iluminadas y nevadas; en casa se respiraba un aire de cercanía, de tranquilidad, de acogida; podía estar toda una tarde recorriendo maravillada los tan típicos Weihnachtsmarkten (mercadillos de navidad) sin parar de escuchar villancicos; podía ver la cara de felicidad y de impaciencia de los niños ante la llegada de St. Nikolaus…  

En el verano del mismo año viajé durante dos semanas a Bath (Inglaterra), tiempo caracterizado por la lluvia y los tés. Como allí no había finalizado el curso escolar, pude asistir a algunas clases en el colegio de mi inglesa. Me sorprendieron algunos aspectos: muchos alumnos en determinadas clases se ponían a comer y a escuchar música delante del profesor, la materia que ellos estaban dando, por ejemplo, en matemáticas, era inferior al nivel que nosotros teníamos, etc. Sin embargo, también observé que las clases eran más dinámicas, participativas y comunicativas; se promovía más el razonamiento lógico y el pensamiento crítico (por ejemplo tenían una asignatura en la que se limitaban a debatir continuamente sobre distintos temas de interés y preocupación general), etc.

En resumen, tener la oportunidad de salir de tu cómoda y segura zona de confort para vivir la aventura en un país totalmente nuevo y desconocido me ha permitido no solo practicar un idioma sino abrir la mente y ampliar mis horizontes, enriquecerme personalmente con las experiencias de los demás, conociendo una cultura y unas costumbres distintas a las mías. Ha sido una experiencia maravillosa e irremplazable. Han sido unas páginas más escritas, eso sí, subrayadas y en mayúsculas, en el libro de la vida.

Une nouvelle expérience


Otra gran oportunidad que tuve durante Secundaria fue poder participar en distintos intercambios.

El colegio San Cernin apuesta fuerte por el plurilingüismo y yo tuve la suerte de beneficiarme de ello. Aprendí francés y alemán, además de perfeccionar mi inglés. ¿Qué mejor manera de poner en práctica los conocimientos adquiridos en el idioma que viviendo una semana increíble en el país de esa lengua?

Afortunadamente, yo pude practicar los tres idiomas en tres países distintos.

El primer año fui a Toulouse (sur de Francia) y aunque la frase más larga que conseguí pronunciar después de mucho tiempo preparándola fue: “On va aujourd’hui en bus ou à pied?” (¿Hoy vamos en autobús o andando?), fue toda una lección de humildad porque aprendí a respetar una cultura distinta a la que yo estaba acostumbrada (la familia de mi francesa procedía de Marruecos). Me ayudó a dejar de lado los prejuicios que tan inconscientemente tenemos a menudo y a darme cuenta de que no existen culturas mejores o peores que el resto, simplemente distintas.

Encantada con mi primer contacto real con el francés, al año siguiente repetí pero esta vez en Burdeos (suroeste de Francia) y con una mayor confianza y fluidez al hablar. Sin lugar a dudas me tocó con la francesa más simpática y amigable de todo el intercambio, con quien compartía aficiones como el balonmano. Me acuerdo que el fin de semana fuimos a visitar unos viñedos con el club de senderismo de su madre y aprendí a conocer la historia que se escondía detrás de cada rostro, la biografía de cada persona, la mochila llena de experiencias con la que cada uno andaba; al igual que aprendí a saber escuchar a las personas mayores y a interesarme por las sabias lecciones de vida que te pueden transmitir.