El deporte siempre ha constituido una parte fundamental de
mi vida. Ya desde pequeña me encantaba escalar (más de una vez me han tenido
que bajar de algún árbol en el que me había quedado encalada), ir a la montaña
con mi padre, echarle alguna que otra carrera, es decir, no parar quieta. He llegado a practicar tanto deportes
individuales (tenis, natación) como en equipo (baloncesto, balonmano...), sin
llegar a identificarme con ninguno en concreto, siempre abierta a cualquier
posibilidad de cambio e innovación.
Además he podido experimentar el deporte como hobby, con el
único objetivo de disfrutar y pasar un buen rato con el deporte perfecto y la
gente perfecta; y como competición, ampliando miras y practicándolo con el objetivo
de mejorar y poder llegar con el equipo a lo más alto.
Sinceramente no sabría qué opción escoger. A pesar de que nunca
he llevado muy bien la presión y de que me agobio fácilmente, jamás olvidaré la
sensación de que cada partido es decisivo; la emoción que se siente cuando todo
un público encendido te respalda y espera que lo des todo en el campo; el
dejarte la voz y el alma en el banquillo al animar; la adrenalina y la
actividad de cada entrenamiento y de cada partido; la euforia del triunfo…el
hundimiento del fracaso; la percepción del equipo como un todo unido, que se
desmorona si le falta una de sus partes.
Tampoco olvidaré las risas en los entrenamientos, las
múltiples caídas y fallos, las cenas de equipo, la complicidad, las pastas
después de algún entrenamiento, las felicitaciones
del entrenador, el sentirte importante, el destacar, el bienestar que te
produce hacer deporte, los viajes en autobús, EL ESPÍRITU DE LUCHA Y DE SUPERACIÓN… y así una lista interminable de
momentos y de recuerdos, que han hecho que quiera seguir avanzando, que no me rinda ante las dificultades, que luche por esas "pulgadas".
No hay comentarios:
Publicar un comentario