Ser empresario con 15 años no es habitual. Tampoco lo es que
el colegio te enseñe a crear y manejar tu propia empresa. Mi clase, junto con
otros siete centros escolares de Navarra, tuvo la oportunidad de participar de
forma pionera en el proyecto Tribucan.
Se trata de una iniciativa emprendedora y solidaria propuesta
por Caja de Navarra cuyos beneficios se destinaron a la construcción de una
escuela de formación profesional en Galle, uno de los países de Sri Lanka que
en 2004 fue arrasado por el tsunami.
El trabajo constaba de cuatro fases:
1. Conocer y acercarse a la realidad social, económica
y cultural del país antes y después del tsunami.
2. Estudiar la tarea que realizaron las ONG,
especialmente Infancia sin Fronteras (a la que destinamos los fondos
recaudados).
3. Trabajar sobre el término “emprendedor” y las
aptitudes que ello conlleva como autonomía, iniciativa, planificación, toma de
decisiones, trabajo en equipo, evaluación…
4. Crear una empresa para la recaudación de dinero
a partir de la venta de unos bolsos de tela reciclados y manufacturados por las
mujeres de Sri Lanka.
Sin embargo, también aprendimos más de cerca cuáles fueron
las consecuencias del desastre natural y cómo era la vida de las personas de
Sri Lanka tras ello. No fue un mero trabajo extraescolar con una parte
entretenida como era vender las bolsas. Nos implicamos de tal manera que, una
vez finalizado el proyecto, decidimos con la ayuda de nuestro tutor apadrinar a
dos niños y una niña de Galle y darles aquello para lo que a nosotros se nos
prepara, un futuro.
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