sábado, 3 de marzo de 2012

Mi escuela


En la primera entrada del Blog dejé claro que los dos pedales indispensables para avanzar en el proceso que llamamos educación son la familia y la escuela. En su momento di cuatro pinceladas acerca de Mi familia, ahora le toca el turno a Mi colegio, o mejor dicho Mis colegios.

He tenido la suerte de cursar toda la etapa de Infantil y Primaria en el colegio Luis Amigó. Y digo suerte porque ha sido, junto con la familia, el lugar donde he crecido, he madurado, y sobre todo, he aprendido durante la mitad de mi corta pero intensa vida. Ha sido el lugar donde he jugado, he hecho amigos…y no tan amigos; donde he escuchado, aceptado, respetado y perdonado; donde he reído y llorado; donde he competido y me he superado; el lugar donde he amado… el lugar que he amado.

Y todo ello ha sido posible, en gran medida, gracias a los profesores, esas personas con nombre y apellidos que nunca me cansaré de recordar y querer.

Ricardo fue mi primer profesor; yo fui su primera alumna, su alumna favorita (no era de extrañar, puesto que durante los tres primeros años de Infantil solo estuvimos dos chicas en clase).  Siempre me acordaré de aquel día en que me castigó a pensar contra la pared. El sentimiento de haberle decepcionado caló tan hondo...que fue el primer y último castigo.


El cambio a Primaria fue un gran salto para una personita tan pequeña, que, sin embargo, deseaba hacerse mayor. Siempre recordaré a Eugenia y los innumerables teatros y bailes que nos dejaba interpretar en clase tras los recreos; a Carmelo, quien supo motivarme para superarme día a día y ser la mejor de la clase; a Pilar, quien supo inculcar en mí el esfuerzo, la constancia, el trabajo diario y supo transmitirme su amor por las matemáticas. 


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