En 3º de la ESO tuve la gran suerte de ir a Paderborn (Alemania)
justo antes de Navidad. Nadie diría que me hallaba a 1.500 km de mi casa. Me
encontraba en un ambiente acogedor, familiar, de preparación y de reunión, tan
propio de estas fechas. Las calles estaban increíblemente iluminadas y nevadas;
en casa se respiraba un aire de cercanía, de tranquilidad, de acogida; podía estar
toda una tarde recorriendo maravillada los tan típicos Weihnachtsmarkten
(mercadillos de navidad) sin parar de escuchar villancicos; podía ver la cara
de felicidad y de impaciencia de los niños ante la llegada de St. Nikolaus…
En el verano del mismo año viajé durante dos semanas a Bath
(Inglaterra), tiempo caracterizado por la lluvia y los tés. Como allí no había
finalizado el curso escolar, pude asistir a algunas clases en el colegio de mi
inglesa. Me sorprendieron algunos aspectos: muchos alumnos en determinadas
clases se ponían a comer y a escuchar música delante del profesor, la materia
que ellos estaban dando, por ejemplo, en matemáticas, era inferior al nivel que
nosotros teníamos, etc. Sin embargo, también observé que las clases eran más
dinámicas, participativas y comunicativas; se promovía más el razonamiento
lógico y el pensamiento crítico (por ejemplo tenían una asignatura en la que se
limitaban a debatir continuamente sobre distintos temas de interés y preocupación
general), etc.
En resumen, tener la oportunidad de salir de tu cómoda y
segura zona de confort para vivir la aventura en un país totalmente nuevo y
desconocido me ha permitido no solo practicar un idioma sino abrir la mente y
ampliar mis horizontes, enriquecerme personalmente con las experiencias de los
demás, conociendo una cultura y unas costumbres distintas a las mías. Ha sido
una experiencia maravillosa e irremplazable. Han sido unas páginas más escritas,
eso sí, subrayadas y en mayúsculas, en el libro de la vida.
Muy bien, interesante. Estas experiencias te vendrán bien cuando seas profesora.
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